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30.Ene.07

 

 

 
  Presentación de la historiadora

 

 
  Patricia Sanabria  
 

 

 

 

 

 
 

Interesante presentación del libro Historia mínima del estado de Hidalgo

 

 

 

 

 
   

 

 

 

 
     
 

Patricia Sanabria-Vargas

Es licenciada en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México, obtuvo el grado de Maestría en Historia en 2005, y actualmente es doctoranda del Posgrado de Historia, en la misma Universidad Nacional Autónoma de México.

Se desempeñó como encargada de la organización y catalogación del Archivo Histórico del Ex-Convento Franciscano y Parroquia El Sagrario -la Catedral- de Tulancingo de 1999 a 2001. Y ha trabajado en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, para el Centro de Estudios sobre el Estado de Hidalgo, en información matrimonial e investigación histórica biodemográfica regional en diversos proyectos (junio 2002 a diciembre de 2003).

De manera individual ha realizado varios trabajos de investigación sobre la historia social de Tulancingo siglo XIX y principios del siglo XX, específicamente en el tema del matrimonio y la familia, asimismo ha expuesto los resultados de los mismos estudios en Congresos desde el año 2001 hasta el 2006.

 

 
 

 

 

 

 

Ir a:

la presentación del libro

 
 

 

 

 

Juan Manuel Menes Llaguno

 
 

 

 

 

 

 
  intervención de la historiadora  
  Patricia Sanabria  
 

 

 
 

 

 

 

intervención del académico

 
 

José Eugenio Ramírez

 
 

 

 

 

 

 
 

Editada por Miguel Ángel Porrúa, Historia mínima del estado de Hidalgo es producto de una investigación de muchos años de Juan Manuel Menes Llaguno.

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     
   

 

(...) Deseo iniciar comentando, en mi calidad de investigador del pasado, que lamentablemente he comprobado y sufrido la laguna historiográfica existente, específicamente para la región de Tulancingo, ya que no han sido realizados estudios pertinentes.  Es por ello que el empeño realizado en el trabajo que hoy nos comparte el Maestro Menes Llaguno es, en primera instancia, meritorio de agradecimiento por parte de los tulancingueños interesados en conocer sus cómos y sus por qués.  Puesto que este trabajo es el fruto de una ardua labor que cumple dos objetivos básicos y de suma importancia; en primer lugar representa una colaboración significativa para cubrir los huecos existentes en nuestra historia estatal y local; y en segunda instancia, lo realiza con la virtud de ir entrelazando las historias particulares de las diferentes regiones del actual estado de Hidalgo, añadiéndole la difícil cualidad de ser un texto de lectura ágil y amena.

Los tulancingueños podemos en esta obra apreciar claramente cómo nuestro pasado se incluye y se muestra como pieza clave en el mosaico geográfico y cultural que es el territorio hidalguense. Desde las primeras páginas el  autor nos va conduciendo para conocer de forma breve y precisa los primitivos asentamientos humanos datados para la región, así como la presencia teotihuacana en nuestro maltratado Huapalcalco.

Pasa después a relatarnos sustanciosamente cómo las diferentes culturas prehispánicas se fueron asentando en el territorio estatal, dejando su influencia cultural que aún hoy podemos observar en muchos de los usos y costumbres de los grupos indígenas que han logrado subsistir. Para nuestra zona, la permanencia temporal de Ce Acatl Topíltzin, mejor conocido como Quetzalcóatl, en el mismo Huapalcalco, es de interés esencial y nos refiere el mito de su desafortunada caída, rematada por el incesto cometido con su hermana mayor, causa de su auto destierro; castigo que demuestra claramente  cómo en esa sociedad “las leyes estaban soportadas en una moral de respeto entre los hombres” como nos dice el autor.

A la llegada de los españoles, en tierra hoy hidalguense, sólo permanecían independientes dos señoríos, el de Meztitlán y el de Tutotepec, para lo que tuvo que influir necesariamente su posición geográfica de difícil acceso. No así, por ejemplo, Apan, cuyos llanos fueron el primer sitio hidalguense al que llegaron los españoles en su retirada hacia Tlaxcala buscando refuerzos.

Nuestro anfitrión en esta Historia mínima del estado de Hidalgo, nos ayuda a entender cómo fue repartido el espacio para la evangelización, principalmente entre las órdenes franciscana y agustina. Los ancestros tulancingueños quedaron sujetos a la autoridad espiritual de los franciscanos desde el año 1527 pues fueron los primeros en llegar. Una década después llegaron los agustinos por el lado noroeste en Acatlán. En este tema, el autor nos señala, atinadamente cómo, a través de los frailes, la Corona española logró dos propósitos: la conversión de los indígenas al catolicismo y la sumisión total hacia la autoridad del gobierno español.

En cuanto a este gobierno, durante la época colonial, la hoy tierra de Hidalgo estuvo política y administrativamente dividida en cinco corregimientos, entre ellos Tulancingo, y nueve alcaldías mayores. Llama la atención de forma simpática y sorprendente el hecho de que los alcaldes mayores tenían que saber leer, no así los corregidores, aunque ambos cargos eran otorgados a españoles peninsulares. Mientras que, en contraparte, el Maestro Menes nos habla de varios personajes ilustres nacidos en territorio hidalguense que, siendo indígenas o criollos, ocuparon altos puestos públicos en la Real y Pontificia Universidad de México e incluso fuera del virreinato en Perú.

Cabe señalar que para el siglo XVIII Tulancingo alcanzó la nominación de Alcaldía Mayor, lo que significa que su máxima autoridad civil sabía leer.

En cuanto a la actividad económica desarrollada desde el inicio colonial, el Valle de Tulancingo compartió con el Valle del Mezquital y Tula el florecimiento de grandes haciendas agrícolas, por lo mismo, estas regiones no estuvieron exentas de los pleitos por despojo de tierras a los pueblos indios, nos dice nuestro autor, apoyado en una minuciosa investigación en los archivos históricos estatales, que fueron más de 3 millares de conflictos debido precisamente a la fertilidad de los suelos.

Otra actividad en la que destacó nuestra zona fue en la producción textil. En contraste con la actividad económica vivida en la comarca minera: Pachuca y Real del Monte principalmente y sus haciendas de beneficio, como las bien conocidas de San Miguel y Santa María propiedades del famosísimo Conde de Regla en Huasca.

Esta diferencia en el desarrollo económico se reflejó nítidamente en el plano social y político durante el siglo XIX.  Por ejemplo, Tulancingo, primer asentamiento franciscano, fue nombrado sede obispal en 1862, mientras que Pachuca, sede administrativa y centro urbano de los mineros, se distinguió por aceptar tempranamente las ideas liberales, por lo que fue asumida como la capital del nuevo estado de Hidalgo, decretado el 16 de enero de 1869.

El liberalismo pachuqueño se debió, seguramente, a la influencia que produjo en la población local la llegada de los mineros ingleses desde 1824 y durante los siguientes 25 años, como nos comenta nuestro cronista, su religión, idioma, arquitectura y costumbres se plasmaron en el paisaje de la comarca.

Este importante hecho de la historia política del estado resultó de suma significación en las relaciones entre pachuqueños y tulancingueños, que sin dejar de ser buenas, afloraron en las rivalidades casi costumbristas que todos hemos conocido, entre los adolescentes de ambas ciudades por diversos temas: chicas, deportes, estudios, etc., y que tendrían su origen remoto en aquella designación.

Hacia los últimos capítulos el autor nos explica cómo se vivió en el estado la llamada paz porfiriana, periodo de cierta estabilidad económica y social, con los 20 años en que se mantuvieron en el poder los hermanos Cravíoto, tiempo en que Tulancingo logró posicionarse como la segunda ciudad en importancia dentro del estado debido principalmente al auge de las haciendas agrícolas y ganaderas y la producción textil que volvió a incrementarse.

Para ir finalizando y dejar un muy buen sabor de boca, nos relata cómo, mientras fueron pasando por el territorio los diferentes grupos revolucionarios, y distinguidos hidalguenses participaban en la discusión de los artículos de la que finalmente sería la Constitución de 1917, en los llanos de Venta Prieta,  por primera vez en la historia mundial de la aviación, un avión biplano transportaba “543 cartas y 61 postales enviadas de la capital del estado a la ciudad de México”, hazaña  que realizaba Horacio Ruiz Gabiño asesorado por el aviador pachuqueño Juan Guillermo Villasana López.  Pero para evitar rivalidades, el Maestro menciona también a otro pionero de la aviación, el tulancingueño Amado Paniagua, quien hacía ejercicios de acrobacia en Balbuena de la ciudad de México.

Al final, y muy acertadamente para la historiografía política, nos ofrece una breve reseña de los gobernadores del estado, desde 1917 hasta la actualidad; asimismo, gráficas que muestran la evolución de la población, del analfabetismo y de las escuelas, desde 1869 hasta el año 1995.

Éstos son sólo algunos ejemplos de lo interesante que resulta este trabajo que, como cualidad académica ha de reconocerse el rigor metodológico con que fue realizado, para el que el Maestro Menes Llaguno se basó en los fondos documentales más importantes para la historia hidalguense, de los que él mismo fue su salvador y ha sido su más comprometido dirigente: los acervos del Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Hidalgo y el Archivo del H. Congreso del Estado de Hidalgo, conjuntamente con investigación en el Archivo General de la Nación, periódicos del siglo XIX, y una bibliografía de más de cien obras historiográficas, lo que sustenta sólidamente esta labor y la convierte en una lectura obligada para los hidalguenses y texto indispensable de nuestras bibliotecas.

 

Patricia Sanabria-Vargas

 
     
     
     

 

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