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16.May.2014

 
   

 

 
   

 

Las profundas aguas de la tina

Cristina de la Concha

 

 

Omira Bellizzio nos trajo recuerdos de aquel encuentro en Delicias, Chihuahua, en su reseña "Sergio Loo, poeta de aguas profundas", donde se suma a las condolencias, al igual que esta redactora y Tulancingo cultural, por la muerte de este poeta el pasado 1 de febrero, con quien estuvimos en Delicias en 2008.

Invitados por la poeta María Merced Migoni, coordinadora de la Casa de Cultura de la joven ciudad de Delicias, un puñado de escritores del D.F., de Hidalgo y otros lugares, nos reunimos en el aeropuerto de la ciudad de México el 10 de abril de 2008, para tomar el vuelo a Chihuahua y asistir  al III Encuentro Internacional de Poetas, entre ellos, Ignacio Osorio de Buenos Aires, y José Antonio Durand, Félix Pacheco e Ignacio Martín.

Allí, nos encontramos con poetas de otros estados de la república para compartir nuestros textos, entre quienes estaban Renée Acosta y Julio César Félix de Nuevo León, Yolanda Andrade Zerón, Jeanne Karen, Rodrigo Jaime, Daniel Wence de Michoacán, Alejandro Campos, Maricela Guerrero, Raquel Huerta y Sergio Loo de la ciudad de México, la española Rita Girones, Siddharta Mejías y Omira Bellizzio de Venezuela.

Fue un encuentro donde se definió con claridad quiénes eran poetas y quiénes éramos narradores, y de igual forma, quiénes eran los jóvenes y quiénes, "los viejos", y apareció una línea divisoria que algunos de "los viejos" se brincaron mientras los demás observábamos, quedamos apartados "los viejos" y "los narradores" de "los poetas" y "los jóvenes". Allí estaban "los sireneros" que menciona Omira y se preguntaban algunos '¿dónde se meten estos muchachos?': en la habitación 115. Aunque no todos estaban allí.

Por invitación, varios de "los mayores" fuimos a tocar a esa puerta donde, nos habían dicho, había una tina del siglo XIX, no resistimos la curiosidad. Con sus patas y tubería de cobre, la tina lucía hermosa pintada de azul con una sirena. Fue muy divertido ver a los poetas meterse y tomar fotos y hacer lecturas en voz alta desde allí dentro, fascinados con la tina y la sirena, de allí que se autonombraran 'los sireneros'.

Era una amplia habitación con una cama muy grande donde los demás se sentaban a escuchar pero no era tan amplia como para estar allí por mucho tiempo, así que sólo nos quedamos por un rato, cuando la incomodidad nos cansó, nos retiramos. También era tal la popularidad de la tina que preferimos abstenernos de solicitar aparecer en la foto dentro de ella.

De esa tina, surgieron algunos poemas e historias. Entre ellas, también, claro, las maledicientes, y hubo una en particular que sirvió para difamar a una de las participantes del encuentro y fue dirigida a su novio con obvias malévolas intenciones. En este país tan grande, en esta Latinoamérica enormísima, el novio recibió la injuria de acento español a una narradora que ni siquiera se metió en la tina... "Así se hacen las leyendas", se dijo para sí la ofendida escritora luego de romper ella misma con ambos interlocutores y su blasfemia cuando se encontraron en una lectura meses después y la viperina, tras un saludo afectuoso, soltara su retahíla de mentiras con tonos y expresiones realmente espeluznantes, una verdadera actriz, luego de encararla y pedirle inútilmente que se desdijera, que parara ya la broma, que corrigiera.

 
 
     
 

 
     
   
     
     
   
     
 

SERGIO LOO, POETA DE AGUAS PROFUNDAS

 
 

Por Omira Bellizzio, poeta de Venezuela

 
     
     
   
     
     
     

 

 

 

 
     

 

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