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nov
9/07 viernes
Desde Camelot para
para Morgana
Charlando con dos
encantadoras damas acerca de la dificultad para establecer un
diálogo coherente con los grupos urgidos de apoyo y sobrevuelen
la indigencia donde viven inmersos, desde hace mucho tiempo,
coincidimos en la importancia de saber hasta dónde se entienden
los promotores sociales y los grupos a los que van dirigidos los
programas oficiales, en este caso, en las zona otomí-tepehua,
situación idéntica en las serranías y el resto de los
territorios donde moran poblaciones autóctonas, grupos
confinados en cárceles, sindicatos, etc.
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Quienes llegan a
trabajar en ambientes donde se hablan dialectos, pronto se
percatan de la incomunicación y las dificultades para establecer
bases de trabajo y entendimiento de lo que se pretende
desarrollar, pues los dialectos, por lo general, limitan sus
vocabularios a intereses inmediatos de la comunidad, careciendo
de expresiones para lo que llega de otros confines culturales.
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Por ejemplo: Las
personas que concurren a un mercado regional, con unas 90
palabras crean su universo de trabajo, con unas cuantas más,
redondean el entorno familiar.
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Entre los chavales
estudiantes de secundaria, apenas requieren 300
palabras y, párenle de contar, con eso tiene para estar en onda
y plena comunicación; el resto se les va en ademanes y gestos,
un idioma gestual, tan válido como el verbal,
pero limitado para mayores tareas intelectuales.
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Los
preparatorianos se las arreglan con 600 palabras;
los universitarios con carrera terminada, rondan las
1200 palabras, algunas postineras relacionadas con la
profesión elegida que los hacen sentirse más picudos.
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Un político
salidor, de los que gustan de pegarse al micrófono, puede
manosear unas 2500 palabras sin que logre decir
absolutamente nada. La escuela perfeccionada por
Cantinflas echó hondas raíces en los eriales de la
politiquería mexicana. Sin excepciones partidarias.
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De cuando en
tanto, aparece un tipo como el jolopo, alias
josé lópez portillo, que manejaba por ahí de las
3000 palabras; los discursos le salían
bordados, logrando el ideal de los oradores oropelescos, cuando
el público atarantado comenta: “-Qué bonito habla fulano,
¿qué estará diciendo?
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Si dudaran de la
pobreza del lenguaje prevaleciente, sigan los diálogos de las
telenovelas, los comentarios de las figuras de los noticiaros
de la tele, los guiones de películas mexicanas, las viejas y,
peor aun, las modernas donde, a falta de recursos verbales, se
dan vuelo con groserías proferidas a mansalva, logrando
efectos lingüísticos catastróficos entre los escuchas imitadores
que repiten las expresiones malsonantes, donde sea y ante quien
sea.
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Podría seguir con
incontables ejemplos, bastan unos cuantos más: en el campo
internacional: jorge bush, hugo chávez, nuevo
monarca venezolano; del consumo nacional tenemos a martita
según, pejelópez, fox, madrazo, fernández
noroña y, ya sin chiste por insulsos, se forman en el
catálogo casi todos nuestros grillitos regionales sin duda,
calladitos se verían más bonitos, pero ¿harían caso de la
sugerencia?
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Falleció
Washoe, a los 42 años de una larguísima vida ejemplar,
(consumía Uchuvas) productiva, de gran contenido social
y científico, dedicada a la superación del conocimiento y
entendimiento con otros tipos de inteligencia en nuestro
exclusivo mundo dizque humano.
Dama de gran
alcurnia entre sus congéneres chimpancés, Washoe,
dominó unas 250 palabras en el lenguaje de signos
humano. Los especialitas Allen y Beatriz Gardner,
junto con un equipo de científicos y estudiantes, enseñaron a
la matrona chimpancé, las primeras palabras del lenguaje de los
signos, en la Universidad de Reno, Nevada.
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Murió en el “Centro
de Comunicación entre Chimpancés y Humanos” donde
dejó escuela enseñando lo aprendido a Loulis, su hijo
adoptivo, otro chimpancé.
Nacida en el
África en 1965, Washoe fue la protagonista
del libro “Lo que me enseñaron los chimpancés sobre
quiénes somos”, escrito en 1997, por el director del
Instituto, Rogers Fouts.
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Washoe,
tenía planeado venir a México para recibir un
curso intensivo de señas ferrocarrileras, la
fatalidad impidió cumplir sus deseos.
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Servidas
Carolina Prieto y Laura Gánem.
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