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Los escritores son
bichos extraños. Casi por lo general son personas mucho más
sensibles que el común de la gente normal. Son individuos raros,
entre muchas otras cosas, porque siempre están leyendo. Y con un
agravante, leen literatura, es decir, lectura “inútil”. O bien,
lectura placentera. Y es que aparte de escribir tienen que
trabajar para sostener ese su oneroso “vicio”: leer y escribir.
Son profesores, periodistas, guionistas, correctores, editores y
un poco más raramente son contadores, ingenieros, médicos,
abogados aunque también los hay. Y menos que nunca empresarios,
economistas o gerentes. |
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Todos los
escritores trabajan en otro oficio o profesión para subsidiar a
la literatura, al arte. Y con frecuencia harta logran la obra de
arte. Pero eso no les da para vivir. Tienen que trabajar en otra
cosa. En México habrá, si acaso, tres o cuatro escritores que
viven de sus obras. |
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Los escritores,
generalmente, están solos. La escritura es el oficio de la
soledad, de la introspección. Mientras otros artistas crean
sobre o con diversos objetos (como los artistas plásticos) o
instrumentos (como los músicos) o sus propios cuerpos (como los
bailarines) para desarrollar su arte, los escritores se tienen
sólo a sí mismos. Su ser completo es su instrumento que se
manifiesta a través de las letras, de las palabras. |
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Es común que se
piense que “escribir es muy fácil”. De hecho todo el mundo
escribe poemas a sus amores, a sus hijos. Pero los que se
dedican a escribir saben muy bien que no es tan fácil. Al revés.
Hay que tener muchas mañas, muchas habilidades, una gran
cantidad de conocimientos, desde la gramática para escribir
correctamente, hasta el conocimiento de las estructuras de los
diversos géneros y la enorme cantidad de trucos –astucias
literarias, diría Emilio Uranga– para lograr los efectos
deseados. La literatura finalmente consiste en despertar
emociones, sentimientos, pensamientos, reflexiones, las
actividades o sucesos internos que nos distinguen de los
animales, usando para ello sólo palabras. Las mismas palabras
que todo el mundo usa a diario. Por esto parece que es muy fácil
escribir. Sin embargo, cuando alguien que no ha desarrollado
oficio escritural, se vuelve muy notable aun cuando haya
conocimiento. La literatura es un maravilloso engaño para
aparentar la sencillez, la cotidianidad, la vida común y
corriente. Pero la magia de la literatura radica en que entre
“eso” que es la vulgaridad cotidiana, el que escribe regala
joyas, materiales preciosos que ese que escribe sabe encontrar o
inventar entre la intrascendencia. Pero lo hace como si no fuera
esa la intención, como si el hallazgo hubiese sido fortuito,
como si el suceso prodigioso hubiera venido mágicamente, él
solo. No es así. El que escribe tiene que hurgar, discernir,
meditar, reflexionar, afinar la mirada, buscar y… encontrar. Lo
ha dicho la desaparecida erudita Ikram Antaki: “En toda la
literatura (…) existen sólo dos temas: lo que pasa afuera y lo
que pasa adentro. Es decir: el mundo y el alma. Y todos los
temas serán finalmente parte de estos dos. Si logras juntar los
dos con maestría, serás partícipe de la literatura. Si no,
siempre faltará algo”. |
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Cuando alguien escribe
se está mostrando a sí mismo. Está mostrando la parte más profunda
de sí mismo. No es necesario decir que se requiere ser valiente. Es
como aquellas mujeres que se atreven a mostrar sus cuerpos a todo el
mundo para ganar dinero y a veces para hacer arte. Los que escriben
tienen en sí una paradoja extraordinaria: escriben mentiras
prácticas –lo dijo Alfonso Reyes– pero verdades sicológicas. Juan
Rulfo siempre decía ser un gran mentiroso. Pero los grandes
escritores, como casi nadie, han mostrado sus propias almas en
vastísima totalidad y más aun, con ello logran mostrar el alma de
sus pueblos. |
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Ryszard Kapuscinsky el
extraordinario escritor metido a periodista dijo en alguna ocasión
que “jamás un sujeto mezquino será buen escritor” y lo corrobora
Ernesto Sábato cuando dice que los grandes escritores simplemente
“son grandes hombres que han escrito”. Porque los escritores han
refinado su alma para ser tales. Porque es el único instrumento con
que trabajan. |
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Por eso los
escritores son gente metida en sí misma, siempre leyendo, porque
para ellos no es posible hacer más que leer cuando la gente hace
cualquier otra cosa porque no es posible trabajar cuando se lee,
digo, por eso los escritores, parece que siempre están
leyendo o escribiendo. No es así. Le están robando el tiempo a
la televisión, al chisme, a la charla con amigos, al sueño,
incluso a la relación con su pareja y hasta al tiempo con sus
hijos. Para leer y escribir. Es que los escritores tienen además
de su ocupación profesional, la de escribir. Por eso parecen
gente rara. Los escritores y los artistas en general, subsidian
al arte con otro trabajo, para ganar dinero que les permita
sobrevivir y también pagar la literatura. Luego, los gobiernos y
la gente común se vanaglorian: “tenemos grandes escritores en
México, Rulfo, Arreola, Del Paso, Monsiváis, Fuentes, José
Agustín, Sabines, Paz, Pitol”, lo que no saben es que todos
ellos, en algún momento sufrieron la pobreza e incluso la
miseria y tuvieron que trabajar en otras chambas para subsidiar
la gran literatura que crearon y que hoy es de todos nosotros.
De igual manera, para que surjan grandes escritores, tiene que
haber muchos más que no son tan grandes, que no son geniales,
pero que son imprescindibles, porque si no, ¿con quién se tendrá
una comparación para descubrir la gran obra? ¿Con quién se
formarán los grandes si no es con los medianos e incluso los
pequeños? Como en toda actividad humana. |
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En fin, los
escritores, todos los artistas en general, están sometidos a una
sociedad utilitaria, comercial, despiadada. Si el mismísimo
Platón, príncipe de los filósofos expulsó de su República a los
poetas. Pero además así tiene que ser, porque el verdadero
artista trabaja “por amor al arte”, así tiene que ser pero no
tanto. Por eso es maravilloso cuando se reúnen los escritores.
Estoy hablando de los encuentros de escritores que como los
médicos, los ingenieros, los científicos, tienen que reunirse
para saber qué están haciendo los demás, conocerse, compararse,
colaborar, incluso competir y también, cómo no, convivir.
Ninguna obra es absolutamente solitaria, toda obra en todo
ámbito, es colectiva. Y en la literatura también, como en toda
actividad humana, los grandes se alimentan de los pequeños. Por
eso y muchas cosas más es imprescindible que los escritores se
reúnan. |
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La literatura, en
apariencia, es una diversión sin mayor trascendencia. Pero todas
las diversiones del vulgo –no pretendo ser peyorativo,
simplemente aplico una palabra para referirme a la gran mayoría
de las personas que carecen de contacto con el gran arte en
todos sus géneros y que sus diversiones son principalmente la
televisión, sus lecturas los Sensacionales de traileros,
las fotonovelas, las revistas que difunden los degradantes
chismes de amoríos, infidelidades y promiscuidades de
seudoartistas que son incapaces de hilar dos frases coherentes;
las revistas que, como mulas de la noria, le dan vuelta a la
enajenación televisiva–; la gran mayoría de las personas que
consumen, finalmente, una falsa literatura, un falso periodismo,
un objeto degradado y vil, principalmente en la televisión y sus
satélites impresos. Todo ello con escasísimas y honrosas
salvedades. |
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Porque el gran
arte, la gran literatura es conciencia. Y a nadie de los
grandes empresarios les interesa que eso exista. Los dueños de
México se sienten en peligro entre gente consciente,
inteligente, despierta, exigente, conocedora de sus derechos, de
buen gusto, refinada, que le exija a Televisa y Tv-azteca
programas al menos decorosos, obras de arte y no la estupidez
con la que quieren que México se conforme. |
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Los compadres
(“México no progresa porque es una economía de compadres” ha
dicho un funcionario del Banco Mundial. Los compadres que creen
ser dueños del país no permiten ni siquiera el libre juego
capitalista, encompadrados con los gobernantes corruptos, a los
que tienen agarrados de los ijares, mantienen al país trabado,
sometido a su beneficio, tanto de los multimillonarios
monopolistas como de los gobernantes corruptos y espurios) que
tienen a nuestro país apergollado, al borde de la
autodestrucción, desean un pueblo sumiso, estupidizado,
insconsciente, adormilado. Por eso Televisa y Tv-azteca se
esmeran al colmo en divulgar la estupidez por todos los medios
que les es posible. |
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Por eso los
escritores son gente rara. Por eso cuando se encuentran se crea
el |
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Paraíso. |
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Por quinto año
consecutivo se llevó a efecto el Encuentro Internacional de
Escritores en Salvatierra, Guanajuato. La ciudad refrendó su
vocación por la literatura, por los escritores, esa élite. Una
innovación importante este año fue la de llevar los libros y la
literatura a la gente del pueblo; una propuesta que se ha hecho
desde estas líneas. |
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El encuentro de
Salvatierra tiene virtudes insoslayables. En general es una idea
excelente que los escritores se encuentren, siempre lo será. Por
fin esta gente rara se encuentra en el paraíso. Tiene a todo el
mundo con quien hablar de lo que más le interesa: la literatura.
Hablar de los grandes autores de la historia, de los nacionales,
de los estatales y los municipales, los amigos. |
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Pero sería mejor
aun si se lograra llevar masivamente la literatura a la mayoría
de la gente. A contrapelo de lo que opinan algunos escritores
–como el excelente poeta Juan Domingo Argüelles quien sostiene
que la lectura de ninguna manera vuelve mejores a las personas–
yo sí estoy seguro que leer literatura prolijamente hace mejores
a las personas. |
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Aserto temerario,
pues ¿qué es ser mejor persona? |
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Para mi corto
entender, los que se vuelven grandes lectores, es decir,
individuos que logran extraer el significado correcto de lo que
leen, en otras palabras, los lectores avezados, tienen a su
disposición el conocimiento completo de la humanidad… si
tuvieran el tiempo suficiente para allegárselo. Tal capacidad
–de obtener significado correcto de lo que se lee– es
directamente proporcional el conocimiento acumulado. No es de
otra manera como se forjan los especialistas, los científicos.
Llega un momento de la formación académica en que la escuela se
vuelve innecesaria, porque el estudiante –que ha dejado de serlo
para convertirse en un estudioso, como lo dijo alguna vez
Heberto Castillo– tiene una capacidad de acumular conocimiento
sin medida, sólo basta con que tenga a la mano el texto
correspondiente para que se apropie de tal conocimiento. Eso es
posible sólo por la lectura. |
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Es en este caso cuando
mejor se cumple la propuesta de Borges acerca de que el libro es una
extensión de nuestra inteligencia. Porque es entre los científicos
donde se cumple que una inteligencia es todas las inteligencias. Los
científicos son capaces de apropiarse, tan sólo leyendo, de los
conocimientos más avanzados del mundo. Finalmente los científicos
operan como una sola entidad, a pesar de las feroces –o gracias a
ellas– disputas que suelen sostener en función de conocer o presumir
que conocen “la verdad”. |
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Semejante
eficiencia extrema para leer no implica que personas que
desarrollen tal virtud sean “mejores”, pero nadie negará que
serán más eficientes para apropiarse del conocimiento, que es
una manera humana de “ser mejor”. Si estamos de acuerdo en que
ser más civilizados es “ser mejores”, entonces la lectura sí nos
hace mejores, es decir, nos hace más civilizados, mejor
adaptados –en algunos ámbitos– a esto que llamamos civilización. |
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Pero estoy seguro
que el territorio de la personalidad en donde más y mejor
influencia la literatura es en la imaginación. Quien lee
literatura ha desarrollado y disciplinado su imaginación. Estoy
seguro que la crueldad humana se debe en gran medida a que quien
la ejerce carece de imaginación. Esta facultad, como ninguna
otra nos permite ponernos “en los zapatos de otros” y de allí
surge la compasión, tan necesaria, tan olvidada ahora. La
literatura, comparto con William Carlos Williams, el gran poeta
norteamericano, es salvífica: “Hay personas que viven vidas
miserables porque ignoran que existe la poesía”. |
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No hay duda, en
este momento, en este mundo, vivimos Irak, Palestina, las
guerras y hambrunas de Africa y la destrucción, la decadencia
interminable de nuestro país; en otras palabras, abundan las
personas que habitan el |
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Infierno. |
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En este momento en
nuestro país son asesinadas unas veinte personas diariamente en
la guerra del (y, según el gobierno, contra) el narcotráfico.
Igualmente cada día ejecutan a jefes o al menos agentes
policiacos. Las maneras de asesinar parecen inconcebibles. Es
difícil imaginar cuánta crueldad habita en los criminales para
torturar a sus víctimas como narran los periódicos que ocurre.
Pero además resulta increíble que, como reportó un periódico, un
policía diga a un delincuente agonizante que mire hacia la
cámara porque está en Te caché, por supuesto, uno de los
bodrios televisivos. ¡Por supuesto! Alguien que se alimenta
espiritualmente con semejante excremento no puede ser otra cosa.
Eso es el infierno, el mundo en donde no existe la piedad ni
siquiera al borde de la muerte. Donde los policías torturan a
sus propios compañeros, como ocurre en la ciudad de León, con
anuencia de la autoridad; ¿qué puede esperarse que la policía
haga con los ciudadanos? El infierno es un mundo en el que los
instintos animales que aún nos habitan se manifiestan sin
control, en el que desaparece la civilización que hemos creado,
en donde no existe el arte, sino la ley del más fuerte, del más
bruto. Es un mundo en el que la especie humana está en grave
peligro de desaparecer, de autodestruirse. Un mundo en el que,
como en la guerra del narco, todos pelean a muerte contra todos.
Mientras tanto, en México, un pobre hombre que se hace llamar
presidente, no preside nada, sino pasa el tiempo escondido y
cuando se hace ver públicamente está protegido por centenas de
militares, francotiradores, helicópteros y golpeadores, para que
nadie se le acerque. ¿Ese preside? ¿Qué…? |
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El infierno es
Atarjea, Guanajuato, donde mi amigo Catarino Concepción, un
poeta, un creador de décimas populares, un bardo del pueblo que
en sus versos ha recuperado las más entrañables tradiciones de
su municipio y de su gente, en su música se arraiga la alegría
sincera y candorosa de las personas sencillas que no se han
perdido en la estupidización globalizadora que nos convierte en
nadie al destruir nuestra identidad; personas que bailan y
zapatean como lo hicieran sus ancestros desde hace siglos, con
sus acordes y sus versos, donde este poeta crea felicidad,
salvación, convivencia, amor, arte y con todo ello civilización,
el efímero, el fugaz, el raquítico paraíso que pretendemos
darnos está cancelado. |
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Ese Catarino
Concepción, iluso, pretende hacer un encuentro de poetas y
decímeros; escritores de versos modernos con trovadores
tradicionales de los que hay en las huastecas veracruzana,
hidalguense y potosina, cuya influencia ocurre también en
Guanajuato, donde están no pocos creadores de huapango
tradicional como el famoso grupo Los Leones de la Sierra de
Xichú de fama internacional que comanda Guillermo Velázquez. |
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Catarino
ingenuamente pensó que los empresarios de Atarjea podrían hacer
algunos aportes en dinero para organizar el paraíso. Quiero
decir el encuentro de poetas modernos con versificadores
tradicionales de su municipio. Pero los empresarios qué pueden
saber o ni siquiera imaginar de paraísos, de civilización. A
ellos les interesa sólo su provecho, su beneficio, aunque
provoquen que el infierno cunda porque ellos colocan su granito
de arena para eso, al explotar a sus trabajadores, al imponer la
ley del más fuerte que es la ley de las bestias, al competir
ferozmente hasta aniquilar a otros, al ser tan triunfadores,
porque todo triunfador está encima de una montaña de cadáveres,
al olvidar lo mejor de las creaciones humanas, la obra de arte.
Y actuar así no es crear civilización, sino permitir que este
mundo se degrade, significa vivir entre los residuos de la
barbarie, la animalidad de donde venimos de la que nos salvamos
(o quizá nos condenamos a esto, a un infierno peor). Aunque
anotemos que, como en todas partes, existen excepciones
honrosísimas. Los empresarios de Atarjea quieren que el
encuentro de poetas sea tan sólo un escaparate para su
beneficio. Qué les importa a ellos el arte, la creación poética,
la civilización, la destrucción de este país. Mientras ellos
tengan sus ganancias aseguradas. |
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Es un mundo
terrible el que nos toca vivir. Sin embargo, continuaremos
creando, procurando las condiciones para que ocurran los
paraísos terrenales, para que los infiernos que otros crean no
nos lleven a todos a la animalidad como quisieran los
potentados. |
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