Tulancingo cultural

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13.Dic.06

El Pilar de don Agustín
 
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Agustín Ramos

 
 
 
 
 
¿Resignarse o resistir? De nosotros depende
29.Nov.06

 

 
 
Cruz Azul, ejemplo para el mundo y orgullo de Hidalgo
15.Nov.06
 
 
 
Felipe Ángeles, héroe artístico
16.Oct.06
 
 
 
La novela histórica, revelación (y confesiones)
13.Sept.06
 
 
 

1ª entrega, 5.Sept.06

 
 
 
Desde el lugar mismo de los hechos...
 
 
 
Como la vida misma
 
 
     
 

 Tesoros toltecas hidalguenses

 
 
 

 

¡Hey, familia, pilar dedicado con todo cariño a Gloria Valencia, tenaz defensora del único patrimonio que perdura!

El pueblo hidalguense de San Francisco Boxay acaba de recuperar una pieza de la cultura tolteca.

Se trata de la representación de un jaguar esculpido en basalto.

          Tal recuperación fue posible porque el justo reclamo de la comunidad propietaria pudo respaldarse en un documento oficial signado por Carlos Hernández Reyes, cuyo arduo trabajo arqueológico tanto ha enriquecido el patrimonio prehispánico de Hidalgo. 

            En efecto, hace más de veinte años, los pobladores de Boxay le perdieron la pista a ese tesoro luego del traslado del mismo al museo regional del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en Pachuca. 

            Y de no ser porque la pieza se incluyó en una magna exposición itinerante de jaguares de las culturas precolombinas, quizás habrían tenido que pasar otros veinte años para su rescate y devolución a los auténticos herederos.

Este episodio me recuerda otro similar, relacionado con una pieza no menos valiosa. Me refiero a “La coraza tolteca”, elaborada con conchas pulidas procedentes del Golfo y del Pacífico, descubierta en El Palacio Quemado de Tula y restaurada en el museo de sitio del Templo Mayor.

Una vez concluida la extraordinaria labor de devolver su magnificencia a esta obra de arte, autoridades centrales del INAH intentaron retenerla para su exhibición permanente en la capital mexicana.

Por fortuna en aquel tiempo (mediados de los noventa), un delegado del INAH sin parangón en nuestro estado, Emigdio Arroyo, emprendió una valerosa y exitosa lucha para que la pieza retornara a su entidad de origen.

Aunque la historia oficial jamás reconozca a personajes como Hernández y  Arroyo, porque no forman parte ni se someten a los cacicazgos que tanto daño hacen a la cultura local, y aunque ni siquiera se les tenga en la memoria de la gente común y corriente, los ciudadanos hidalguenses siempre estaremos en deuda con ellos. Gracias, Carlos y Emigdio.

 
 

 

 

 

 

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