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23.Mar.09

 
   

Culturalcingo, A.C.

 

Nutrida y amena tarde de lectura

Nutrida tarde de lectura tuvo lugar el pasado 6 de marzo en la ciudad de México organizada por Culturalcingo, A.C., en la que quince poetas y escritores participaron con sus poemas y cuentos y una noble disposición a escuchar y opinar. Sobre la que José Antonio Durand nos escribe:

 

   
 
 
 
 
 

UNA VELADA LITERARIA

 

por José Antonio Durand

 
     
 
     

El próximo pasado viernes 6 del mes en curso, acudimos a la tarde de lectura organizada por Culturalcingo, A.C., un reducido número de amigos con el afán de leer y escuchar la producción literaria de los poetas y narradores ahí reunidos.

 

 

 

Nátaly Montiel,  Ulises Paniagua y María Eugenia Rodríguez.

 
     
 
 

      El recinto, ubicado en el corazón de Mixcoac, justo en la calle de Leonardo da Vinci, constituía el marco adecuado para una velada como la planeada en tanto que se respira en él un ambiente intelectual propiciatorio: libros y más libros, discos, discos y discos, cuadros, máscaras, fotografías, figurillas prehispánicas, piano en el centro de la sala, detalles de buen gusto por toda la casa e, infalible, Johann Sebastian Bach de fondo…

 

 Jorge Quintanar, Nicolás Fuentes, Mónica Suárez y Mariella Gómez

   

 

 

 
     
 
 

      Los asistentes: Mariella Gómez, Susana Bernal, María Eugenia Rodríguez (acompañada de su señor esposo), Nátaly Montiel, Mónica Suárez (todas ellas integrantes del Taller de Creación Literaria Cartago), Gustavo Ponce; Félix Pacheco, Nicolás Fuentes, Jorge Quintanar, Ulises Paniagua, Delia Cabrera, la propia Cristina de la Concha, Luis Ovidio Ríos (quien se unió tarde al grupo porque prefirió una larga sobremesa con el poeta Fonz de Tanya), y quien esto escribe.

 

 

Delia Cabrera, Félix Pacheco y Gustavo Ponce

   

 

 

 
     
 
   

      No obstante su calidad de anfitriona, Cristina llegó con el acostumbrado retardo de toda cita (aunque habiendo dejado a quien nos recibiera). Esta vez su coartada la liberaba de todo reclamo: una consulta médica impostergable.     

 

 

Mariaella Gómez, José Antonio Durand y Nátaly Montiel

 
 
     
 
  Llamada ovalada: ¡Ay, no, por Dios!!

      Una y otra, y otra vez cada uno de los invitados leímos nuestros respectivos trabajos a lo largo de poco más de ocho agradables horas, donde la polémica y la humorada se dieron cita campeando de arriba a abajo en toda la sesión. 

 

 

 

 

 

   
 
     
 
 

      Hubo de todo: desde risas incontenibles y pequeñas frívolas conductas adolescentes, hasta críticas acérrimas y bien estructuradas sobre las lecturas, siempre en el espacio de la amistad y la cordialidad como corresponde a un grupo de amigos que comparte el mismo loco frenesí por escribir.

 

 

Ulises Paniagua y Ma. Eugenia Rodríguez

   
 
     
 
 

      El consumo de vino no mereció sacrificar la estética de las letras. A las virtudes culinarias del amigo Nicolás Fuentes se debió la degustación de bocadillos que sirvieron incluso para el desayuno de las tres sobrevivientes a la resaca literaria, Nátaly Montiel, Mónica Suárez y la anfitriona.

 

 

 

Susana Bernal

 

      Susana Bernal leyó poemas que bien podrían inscribirse en dos grandes vertientes: los dedicados al amor y el desamor, y los que siembran conciencia por sus profundas reflexiones filosóficas sobre tópicos fundamentales de la vida humana. 

 
     
 
 

          Ulises Paniagua, escritor de propensión novelística, leyó algunos de sus más recientes textos: cuentos de muy buena factura y de extensión variada aunque prevalece la intención de ampliar en explicaciones detenidas y necesarias sus relatos.

      Y, entre lo que leyó, destacó un poema inspirado en Tulancingo en el 2o Encuentro Latinoamericano de Escritores en octubre pasado y que dedicó a Saúl Ibargoyen.

 

Delia Cabrera, Félix Pacheco y Cristina de la Concha

 
     
 
 
      Nicolás Fuentes, dueño no sólo de un aguda mordacidad (mucha de la cual se filtra traviesa en sus conocidos epigramas) sino de la seriedad que reclaman los géneros de la poesía y el cuento cultivados por él, leyó –entre otros– el siguiente texto:
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 

 

 

Gustavo Ponce

 
 
 
 
 
 

EINSTEINIANAS

Nicolás Fuentes

                                         a Gustavo Ponce

 

La teoría cuántica de la luz maría

es relativa a los viajes de sus padres.

 

El tiempo no es absoluto en todo el universo

es relativo a la hora de tu checada.

 

La electrodinámica

y la mecánica newtoniana

es relativa

a mi marcapaso y a tu sobrepeso.

 

De la física de los procesos azarosos

el estado sólido

y la estadística de cuantas

es el intento de la teoría

de la cosmología relativista del recuerdo.

 

La electrodinámica de los cuerpos

en movimiento en el asiento trasero

y las faltas a la moral

es relativo a la velocidad de la luz de la calle.

 

La relación de la masa con la energía

para obtener potencia nuclear

es relativa a las sales de algunos laboratorios

 
     
 
   
 
      El “Poeta de la Montaña”, como suele llamársele a Jorge Quintanar, deleitó con la lectura de algunos de sus trabajos publicados en una muy reciente antología bilingüe francés español, coeditada por la Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura de la UNAM, en la FES Zaragoza, y Écrits des forges, editorial quebequense. Aquí una muestra:
 
 
 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
      Los cuentos leídos por Cristina de la Concha fueron de índole variada, desde narraciones lúbricas plenas de erotismo hasta blancas y tiernas historias dedicadas al público infantil.
 

P A L A B R A S   E S C A P A N

Jorge Quintanar

 

Desde la incertidumbre

                                     descender

                                                       hasta la estructura

                                                                                     el poema

los bloques del pensamiento

                                              translucen

                                                               el fragor de la tempestad

impetuosas imágenes pueblan el delirio

cada palabra que se escapa

               es un paso hacia la locura.

Desde los arquetipos primigenios

                                                    tallar  en la primera piedra

                                                     la silueta de una estela.

Extender  decantados todos los verbos

                                                                abrir las venas

hasta que brote desnudo

                                        el lenguaje

                                                          y esculpa

el obelisco

                 con la firmeza de la imaginación.

 
 
     
 

      Las fundadoras del Taller Cartago, las multipremiadas poetas: Mariella Gómez, María Eugenia Rodríguez, Nataly Montiel y Mónica Suárez, leyeron trabajos tanto recientes como algunos de los incluidos en su ya célebre libro Senderos de Dido y que ahora reproducimos:

 

DONDE DESCANSA LA TRISTEZA

María Eugenia Rodríguez

 

 

En un día agotado de nubes

me elevo y en un punto lejano descansa la tristeza

laceración permanente que imprimió

un desvencijado calendario

 

Mis manos enlazan el pretérito de tu sonrisa

la deposito sobre el buró para soñar con ella

una magia delirante me pinta la mirada

navego en tu piel  vuelvo a mi origen

 
 

DEMONIO SIN PAZ

Mónica Suárez

 

Sobre mi corazón se extiende un laberinto,

calles de sal transito en mi periplo

y cuando duermo oigo la voz antigua de sus ruidos,

ángel sin paz, perdido paraíso,

agua de mar oculta en sus abismos.

 

Sobre mi corazón acecha su asesino,

sombra rebelde, demonio que cultivo.

Cargo a mi corazón como a un ciervo herido,

en mi regazo esconde su destino

y sé que lo traigo cadáver de sí mismo.

 
 
     
 
   
ENCALLADA LUNA
 
Mariella Gómez

 

Desde la imprudencia de susurros

en la estremecida noche de quebrados sueños

miro la encallada luna en tu espalda ahíta de misterios

siento estremecida la aventura que me depara la noche

lleno de ventanas mi espíritu, para que llegues

sin respiro al fondo insaciable de mi cuerpo.

 

NACÍ

Nataly Montiel

 

nací manzana

nací manzana verde

nací manzana verde de la noche

nací manzana verde de la noche insomne

nací manzana verde de la noche insomne que grita

nací manzana verde de la noche insomne que grita mientras calla

 

 
     
 
 
      Por su parte, Delia Cabrera nuevamente nos hizo llorar al leer el sensible poema dedicado a su señora madre AMALIA:
 

Delia Cabrera

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
      Felix Pacheco (quien dice que el Acta que certifica su nacimiento omite la tilde sobre la letra “e”), igual que irreverente e iconoclasta, alterna su vena humorística de lo que ha dado en llamar “Poequeños” con textos de asombrosa solemnidad con los cuales obtuvo, como siempre, los aplausos del auditorio.
      Gustavo Ponce presentó un abanico de su creación literaria en el género de poesía. Leyó un texto abigarrado donde aparecen nombrados desde Schopenhauer hasta Nietzsche, pasando por Goethe, Bach y Wagner, por citar sólo a algunos de los más notables personajes que anidan en su poema.

      Ése fue el texto que abrió la sesión y generó una acalorada polémica que, empero, nunca rebasó los márgenes del decoro. A Gustavo se le acusa de ser poseedor de un envidiable e involuntario sentido del humor que en muchas ocasiones permea su obra.

 
 
 
 

A   M   A   L   I   A

Delia Cabrera

 

Anochece celda

                       a celda

                                  en su cerebro

mi madre se va poquito a  poco

 

Ella vivió como si tocara

la puerta alegremente

y nadie estuviera para abrirle

 

Ella toda mañana y rosas

como si vendiera

días soleados            siempre

 

Le han llegado las despedidas

como pájaros haciendo nido

entre las ramas de sus huesos

 

Vuelve a contar sus leyendas

que ahora muestran hoyos

como calcetines desgastados

 

Se rompe la urdimbre

ella sabe que va a partir

y está soltando amarras

 

En sus ojos aletean

pesadas palomas plomas

de garúa limeña

 

Se pone sus aretes

cristalinos de soledad

                                      y    espera

   
 
     
 
 
 
      Quien esto escribe leyó, por enésima ocasión, su desgastado y agotado poema SUICIDIOHOMICIDIO aburriendo una vez más a un público que ha escuchado mil cien veces el mismito texto:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
José Antonio Durand
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

      Ya entrada la noche, Cristina de la Concha, con la debida formalidad de una espléndida anfitriona, agradeció nuestra visita asegurando que se sentiría sumamente honrada si repitiésemos la sesión en un plazo no mayor de dos meses.

 

          Muchas gracias, doña Cristi, por allá nos vemos…

 
 

SUICIDIOMICIDIO

José Antonio Durand

 

Al borde de este texto me degüello

y acuso a esa mujer de ser culpable

que no me culpe a mí la ley de esta tragedia

pues sólo soy la mano ejecutora

 

La autora intelectual se dio a la fuga

y viaja con su amante a Cadereyta

que Dios le mande un rayo al fuselaje

del pinche avión de Línea mexicana

 

Mátalos, mátalos, mátalos Señor.

 

Tú que todo lo puedes, mándales el rayo

Tú que eres toda bondad, mátalos, mátalos

Tú que eres Justo y Necesario, mándales el rayo

Mátalos ya, Señor. No seas su Cómplice

 

Dios mío, mata a tus hijos de mala voluntad

 

Mándales el rayo. Achichárralos, incinéralos

chamúscalos, calcínalos, carbonízalos

para que lleguen al infierno ya tostados

y sigan quemándose con el fuego eterno del averno

 

Mándales el rayo, Señor

para que mueran calcinados

como puercos rostizados

 

Tú los matas y yo te rezo

Tú los matas y yo te rezo

Padre nuestro, Padre nuestro

Ay  Ay…

 

Al borde de este texto me degüello

y muero cual borrego desangrado

la autora intelectual de esta tragedia

ya puede estar conforme con su crimen.

 
 
     
 
   

 

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Gracias por su visita  

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