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14.Feb.07

El Pilar de don Agustín
 
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Agustín Ramos
 

 

 
¿Solución transgénica? 30.Ene.07
 
 
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Felipe Ángeles, héroe artístico 16.Oct.06
 
 
La novela histórica, revelación (y confesiones) 13.Sept.06
 
 
1ª entrega, 5.Sept.06
 
 
Desde el lugar mismo de los hechos...
 
 
Como la vida misma
 
 
 
Desde Quintana Roo, Agustín Ramos le escribe a Tulancingo Cultural

 

 
 

El Dr. en Letras, Raúl Arístides Pérez Aguilar me invitó a participar como catedrático visitante en un seminario de literatura en la Universidad de Quintana Roo. No me hice del rogar. Se trataba de impartir un curso teórico práctico de creación literaria (géneros narrativos) y desarrollar un programa que versa sobre las partículas elementales de la narrativa. Tan luego como acepté, el mismo Dr. me propuso ante el Instituto Quintanarroense de Cultura para que, aprovechando mi estancia en Chetumal, coordinara un taller de narrativa al público en general, así ambas instituciones, el IQR y la UQROO, compartirían los gastos que origina mi estancia y yo ganaría un poco más de billete, no tanto como para volver a comprar tortillas, pero algo es algo.

        Chetumal es una ciudad llena de cielo y aire, amplia, más  limpia de lo que podría esperarse. Luce como nuevecita, con avenidas bien pavimentadas, camellones de pasto grueso y palmeras reales. Una ciudad que se recuesta, apacible y segura de sí, en la hamaca de una bahía tejida con el estambre azul oscuro del mar del Caribe. Sí, ya sé, a los nachos de por mis rumbos les parecerá digno de burla lo que a mí me suena a modernidad genuina, es decir a alta cultura y buena calidad de vida: abundan las bicicletas, y por tanto escasea el ruido. Así que a cien metros del filo de la tierra firme, donde se hallan los salones de clase, casi puedo admirar el rumor de las olas que acompañan a la brisa en su esfuerzo por disimular los treinta grados de temperatura. Pero, hablando de aulas, las puertas de la universidad me hicieron recordar, con mucho cariño pero sin nostalgia, las puertas del Jiménez Hall (edificio denominado así en honor del poeta Juan Ramón), en la Universidad de Maryland at College Park, donde viví una temporada gracias a una beca Rockefeller. Cerraduras automáticas, manijas suaves que hacen clic y ya está, abriste o cerraste, según comiences o termines tu clase. Sólo que ésta es una universidad más joven y más chica, como si se juntaran dos o tres preparatorias de las de por allá de Hidalgo.

 

 

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