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13.Feb.10

     
  En el día de San Valentín  
     
 

 

     
 
     
  En el día de San Valentín  
     
     
     
  De SONETOS Y VARIACIONES de IGNACIO MARTÍN  
     
     
     
  CUENCO DE LUZ  
  poema  
  de Alicia Albornoz  
     
     
     
  poesía de Félix Pacheco  
     
     
     
  Del poemario  Límites Precisos de Antonia Cuevas Naranjo  
     
     
     
 

Y el tenorio de Tulancingo cultural

 
 

Miguel Ángel Tenorio

 
 

INSTANTÁNEAS DE LA CIUDAD

Hoy presentamos: “DISYUNTIVAS”

 
     
     
     
 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
 

 

   
             
             
             
           
     

INSTANTÁNEAS DE LA CIUDAD

por Miguel Ángel Tenorio

 

Hoy presentamos:

“DISYUNTIVAS”

 

–¡Cuidado!– grita ella, él voltea. Los ojos de ella, asustados, se encuentran con los ojos de él. Estación Eugenia del Metro, línea 3.

Minutos atrás: él entra, mete su boleto, baja las escaleras hacia los andenes. Disyuntiva: ¿Dirección Indios Verdes o Universidad? Indios Verdes. Camina hacia el andén. El convoy se acaba de ir. Esperar otros dos o tres minutos al siguiente. Camina hacia el frente, hasta adelante, donde no haya nadie que pueda mirar su dolor en el pecho.

Media hora atrás:

–No, mire, ya revisamos su currículum y está bien, es interesante, se ve que tiene usted mucha experiencia, pero definitivamente necesitamos a alguien más joven, con más energía, más empuje y usted … 55 años ya y/

Esta mañana:

–¿Y qué piensas hacer si no te dan este trabajo? – le pregunta la esposa.

–No lo sé, pero yo creo que sí me lo dan. Tengo todo. Experiencia, el idioma. Yo sí soy fully bilingual, no como otros que se dicen fully bilingual y a la hora de la verdad, se atoran con su inglés liga gringas.

–¿Pero la edad?

–Eso de la edad es un mito – dice él, que se termina de poner la corbata, se pone loción y está listo para salir.

–Yo nada más te digo una cosa– le dice su esposa antes de que él abra la puerta. Lo que yo gano nos alcanza para pagar todo, menos las colegiaturas. Y ya no puedo seguir pidiendo prestado dinero a mi familia. Ya no. Así que yo no sé cómo le vas a hacer, pero mis hijos no van a ir a escuela de gobierno.

El convoy se acerca. Un año atrás:

–Necesito que me ayudes– le pide a él, su mejor amigo.

–Pero es que ahora sí no tengo dinero– le responde él –llevo seis meses sin trabajo.

–Y yo ya llevo dos años– dice el amigo, que confiesa -Ya vendí todo lo que podía vender, estoy  endeudadísimo, ya no puedo más.

Dos noches después, en la contestadora escucha el mensaje: el mejor amigo acaba de fallecer. ¿Cómo? ¿Qué pasó? Se echó al paso del metro.

El convoy se acerca. Él se mira a sí mismo cruzando la línea amarilla. De pronto, escucha:

–¡Cuidado!

Él voltea, descubre: los ojos de ella, 30 años, asustados. Luego, una ligera sonrisa, él abre los labios como para decir algo. Ella parece tender la mano hacia él, que avanza hacia ella, que ahora sí ya dibuja la sonrisa en su rostro. Él ve la blusa semiabierta, ve la línea que divide sus pechos. Suspira: un instante supremo de gozo. Ella le sonríe, ahora sí, franca, abierta. Las puertas del convoy se abren. Suben juntos.

–Perdone, pero lo vi que estaba a punto de caerse– le dice ella, que de pronto parece descubrir la verdad y su rostro se ensombrece -¿O usted quería …?

Él se queda mudo, ella lo abraza. Bajan en la estación Etiopía.  El convoy arranca, él y ella en el andén.

–¿Por qué lo iba a hacer?– le pregunta ella, urgente.

Él está a punto de formular su respuesta, pero ella ya no lo deja y suelta lo que por dentro le quema:

–Hace 5 años me iba a casar con mi novio, ya estaba todo listo y una semana antes, se echó al paso del metro. ¿Por qué?

Ella rompe en llanto. Él la abraza, ella lo abraza, le busca los labios, se besan. Llega el otro convoy, la gente sube, baja, se escucha la chicharra, y él y ella caminan abrazados hacia la calle, abrazados hacia algo nuevo que inicia con un café y las manos entrelazadas, las piernas rozándose bajo la mesa, en el Woolworth de Xola y Cuahtémoc, las piernas entrelazándose en un hotel de la colonia Narvarte, los sexos acoplándose, donde ambos se dan cuenta que están rodeados del ambiente del 14 de febrero y que los dos son ahora, cada uno para el otro, su Valentín.

Y él, al regresar esa noche a casa, descubre para sí mismo que uno no se muere, mientras le queden las ganas de sentir.

–¿Y ahora, qué piensas hacer?– le pregunta su esposa.

–Pues seguir luchando, ¿qué más?– contesta él, con una sonrisa, que a la esposa le parece inexplicable.

 

     

 

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