CRISTINA DE LA CONCHA:
UNA POÉTICA DEL CAMBIO
Saúl Ibargoyen
Los treinta textos poéticos de Cristina de la
Concha, seleccionados por el vate Rogelio Treviño, se amparan bajo
el título de La vida es otra (Poemas en Theta). Esto parece
sugerir, con resonancias de Rimbaud y los surrealistas, que “la vida
está en otra parte”, o sea, la vida verdadera según algunas voces
místicas. El subtítulo alude a la octava letra del alfabeto griego,
en código cerrado, lo que tal vez señale una intención de protegida
subjetividad.
El verso es, en general, delgado: muchos
tienen dos, tres, cuatro sílabas apenas, para marcar un ritmo
golpeante, pero no agresivo, que se basa en una propuesta de
afirmaciones y certezas.
Toda escritura contiene, de modo inevitable -ya
sea por explicitud, presencia implícita, ausencia deliberada,
omisión, etcétera- datos ideológicos que el autor traslada por medio
de una formulación estética. Y más allá de los géneros literarios.
Admitamos que en la creatividad
poética, tanto la operada desde el inconsciente como desde la
corteza cerebral y
la retórica (aunque esas dimensiones se mezclan en muy diversas
medidas), pueden surgir expresiones verbales inesperadas, aun dentro
de una intención de poner al otro, al lector invisible, como el
factor principal, es decir, el receptor es lo primero en cuanto a la
comunicación.
Todo esto para decir que Cristina de la
Concha propone un mensaje de inconformidad, de cierto desencanto,
por medio de una escritura que suele soslayar los juegos metafóricos
y que otorga principalía a la reflexión apasionada sobre asuntos que
superan las solas coyunturas eróticas, subjetivas, cotidianas. Aun
desde una constante voz poética en primera persona, el tono es
inclusivo: hay deseo de compartir, no la experiencia de vida de la
autora, sino la representación de esa experiencia. De este modo,
cada receptor tendrá la chance de elaborar la propuesta estética en
función, quizá, de su propia respiración en este difícil mundo.
Y cuando
la autora
recurre a la construcción de neologismos,
también está señalando que esa otra escritura
podría ser el avatar de una vida otra, una aspiración al menos de
una vida nueva hacia un “hombre nuevo”, ya adelantada por filósofos,
místicos, líderes sociales, políticos y religiosos… y no pocos
poetas, por supuesto.